Porque llegó tu momento de empoderarte con lo que tienes

 

Cuando voy a comprarme ropa, aparte de hacer una inspección de color, texturas y estilo en general, me gusta escuchar los comentarios de las mujeres que están conmigo en el pasillo de probadores.

 

Muchas de estas veces las veo que las acompaña alguien, que espera pacientemente en la entrada, para poder darle el visto bueno o no, de si lo que le gustó colgado, es lo mismo que le quedó puesto en su cuerpo.

 

La inseguridad de no saber si nos queda bien o no algo es una emoción que nos hace transpirar, perder la noción del tiempo y querer salir corriendo.

 

Así de pánico da el asunto.

 

Y te voy a decir algo más: En mi mundo gordo, yo siempre pensé que sólo a las de talla grande nos pasaba, pero no es así.

 

Todas absolutamente todas padecemos de lo mismo, no vale eso de mucho que creas que traes el cuerpo perfecto, las horas de fitness, el contador de calorías o por el contrario, pensar que por el simple hecho de ser gorda, de entrada,
nada de nada te va a entrar y si te entra, aunque te quede grande, ya es una victoria
que hace que la prenda ganadora te la lleves sin pensar en nada más.

 

¿Sabes qué pasa después?

 

Esa blusita o vestido se queda colgado para siempre en el clóset porque a la segunda oportunidad, en la tranquilidad de tu hogar, frente al espejo y sin espectadores de sobra, te das cuenta de que no era para nada algo que te gustara, que simplemente no te va bien y que fue una compra que hiciste más por el estrés que por el gusto de salir de shopping.

 

Comprar ropa talla grande o la tortura de ir por algo para mi

 

He ahí el dilema, claro que se te puede hacer una especie de entrada a la cámara de torturas de la Edad Media.

 

Tan sólo piensa en los pantalones que te aprietan de las piernas, pero te quedan grandes de cintura,
las blusas que no cierran bien a la altura del busto, pero que por el ombligo parecen abombarse
de forma tal que pierdes toda capacidad de poder mirar en un contexto que no sea del odio
hacia ti misma.

 

Porque eso sí, querida mía, lo único que podemos hacer ahí adentro es arremeter con quien tenemos al frente y no es justamente a la vendedora

 

Salirse con ese mal sabor de boca te dura como una semana de depresión absoluta, a lo que si pones atención,
se le suman las terribles frases que se mueven en tu mente, como la Danza Macabra de Saint-Saëns,
pero hecha a puro trapo, acechando tu autoestima y dejándote sin ganas de nada.

 

Las 5 frases incómodas y sus protagonistas

 

Seamos honestas, esa persona que supuestamente está ahí para ayudarte y reforzar tu espíritu en el probador parece tu peor enemigo.

Muchas veces he pesado ¿Por qué si estás en el departamento de tallas grandes, las que te atienden son tipo figurín?

¿No sería como un poco más congruente que fueran mujeres como tú, que por lo menos pueda ponerse en tus zapatos?

Pues no, ese pequeño ¨gran¨ detalle es olvidado y si de por sí ya vamos con la batería un poco baja, nunca falta algo como esto:

 

1.- Ay no, yo no creo que ese modelito exista en su talla

2.- ¿Qué pasa, Seño, sí le quedó? ¡Porque esa era la talla más grande eh!

3.- La verdad es que yo pienso que las mujeres gordas no deben usar rayas…¡Y menos horizontales!

4.- A ver, le traigo este otro a ver si le entra.

5.- Ay es que sí como que tiene mucha pancita y por eso no le cerró, ¿no?

 

Di tú, ¿Cómo se supone que te puedes defender de eso?

 

¿Cómo podría ser no salir de ahí con ganas de no volver y peor aún, sintiendo que toda tú jamás podrá encajar en ese mundo?

Sales mal, pero te aguantas.

 

Porque has aprendido a tragarte esas lágrimas y a desquitarte luego contigo, a meter esas palabras
en un lugar muy escondido bajo llave, donde nadie más las pueda volver a sacar.

 

La cuestión es que siempre salen, esas frases se van quedando como pesadas placas de cemento,
clavadas en tu corazón por mucho tiempo y liberarlas es un proceso que te ayuda a fortalecer tu autoestima
y a encontrar muchas más razones para pararte con una imagen fuerte y congruente contigo.

 

La infelicidad al irte de compras te ha impedido disfrutar de tu cuerpo, de aprender a verlo no sólo
en sus formas, sino también en su fondo, integrando en él, todo lo que tú eres y puedes llegar a ser.

 

En realidad el cuerpo, la talla, los kilos demás, son un compendio de cosas que nos caracterizan,
pero que no nos definen en su totalidad

 

¿Cómo puedes superar e ir sanando esas heridas?

 

Por supuesto que la base de toda superación está en las ganas que tengas de salir adelante,
y para eso puedes contar con mi método que si bien no es perfecto, me ha ayudado a entender que mi talla en particular
no me paraliza, al contrario, me empuja a ser coqueta frente al probador y a tratar de encontrar nuevas posibilidades para mí.

 

Haz la prueba en ti y verás que mágicamente con tu actitud distinta, todo puede mejorar

 

Mi lista para salir airosa:

 

1.- Conócete a ti misma.

Cuando abrazas lo que eres en su totalidad, la vida te cambia y permite que dejes de rechazar tu imagen.

Aprender a descubrir y sanar tus heridas más profundas y de ahí en adelante comenzar a transitar por los caminos de nutrirte en las áreas adonde más te hace falta, puede resultar la mejor decisión que tomes en la vida.

Por eso el trabajo de descubrir tu imagen personal real va de la mano, sí, con herramientas de autoconocimiento como: Tu cuerpo, tus medidas, tipo de figura, tus colores y un montón de cosas más que definirán un estilo propio en ti, perdurable y cercano a quien eres.

Si quieres empezar desde hoy, date una vuelta por el blog, donde tengo varios artículos con contenido para tomar acción.

En el artículo pasado, te compartí una forma eficaz de conocer tus medidas e identificar tu figura. Si no lo has leído, aquí te dejo el enlace:

>>Vístete como toda una Diosa…<<<<

 

El conocerte no le da cabida a ningún comentario que vaya a destruir lo que piensas sobre tu cuerpo y talla, pero más que nada, no hace mermar la conciencia que tienes sobre tí.

 

2.- Fortalece tu autoestima.

En el momento que pongas atención en ti, comenzará a gestarse un vínculo amoroso contigo que te ayudará a
reconstruir tu valía.

 

Si sientes que te atascas un poco, no dudes en buscar ayuda con una terapia psicológica, de verdad, eso hace milagros.

 

3.- Vete de compras sin ir de compras.

Es mi mejor consejo de asesora de imagen. Ve y pruébate algo que nunca pensaste usar, coquetea con nuevos colores,
mírate por mucho tiempo en el espejo, posa como si fueras una top model de talla grande y sácate una selfie.

Cuando llegues a casa, ponte a mirar los resultados y te darás cuenta qué tanto estás afinando tu sentido del estilo,
pero más que nada, habrás tenido un encuentro cercano con el disfrute dentro de un probador, sin presiones de comprar nada.

 

4.- No hagas caso de las frases de la vendedora.

La indiferencia amable es oportuna en estos casos, porque en la medida que tú te conozcas, esas voces implacables
también callarán.

 

5.- Aprende de la mano de una asesora de imagen.

Está bien leer en las revistas consejos y en los blogs de moda plus size, pero nada es mejor que dejarte guiar
por quien puede despejar tus dudas y enseñarte, desde tu ser interior, con cuáles herramientas positivas cuentas
para que esa imagen no sea una copia al carbón de otra persona, sino una ajustada a tus valores y esencia personal.

 

6.- No te desanimes a la primera.

El paso que estás dando es el primero de muchos que irán sumando a que consigas una imagen personal poderosa.

Y así, poco a poco, podrás ir superando con creces, aquellos instantes donde quizás no fuiste tan feliz al salir
a comprarte ropa.

Te dejo por ahora, esperando que tomes en cuenta estos consejos.

Escríbeme en los comentarios, estaré feliz de responderte.

Con cariño,

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2017-06-29T18:31:34+00:00

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