La línea más delgada (o más gorda) entre tu cuerpo y tú

La Imagen que vale más que mil palabras y no tiene talla

Estos dos últimos años he seguido con admiración la campaña de la marca de belleza y cuidado personal, Dove de Unilever.

Las mujeres que hemos traído un problema con el peso y por ende, con el cuerpo durante toda la vida, nos hemos estado ocultando, quizás en comida, ropa holgada, depresiones o en una falsa sonrisa, sintiendo que no nos tocaría ser la modelo de la portada de alguna revista…hasta que esta campaña salió reivindicando la imagen de nosotras en su total y natural hermosura, sin otra cosa más que su sonrisa como accesorio.

Si no conoces de la campaña de DOVE y sus alcances, te muestro uno de sus tantos y maravillosos videos donde podrás ver las respuestas de sus protagonistas, que no son más que mujeres reales como tú y como yo.

 

 

Una realidad abrumadora y contundente sobre lo que pensamos sobre nuestro cuerpo

Antes de lanzarla, la marca hizo estudios sobre las creencias que tenemos sobre nuestra apariencia y los resultados son abrumadores.

Hay que leerlos y ponerse a pensar en la carga tan pesada que llevamos ante nuestros hombros, en referencia al tema del cuerpo perfecto, o del ideal de belleza que se nos ha quedado impregnado en la piel como un tatuaje difícil de quitar.

Y digo difícil, pero no imposible

Aunque no soy una mujer de números (Ya sabes de mí que soy más artística que otra cosa) sí quiero exponer en este artículo las cifras que finalmente construyeron las bases de la exitosa campaña de la marca, que vino a causar una revolución en la manera de cómo se presentaba a la mujer en los grandes carteles publicitarios y más que nada, nuestra propia visión errada de aquel canon de belleza al que con vehemencia anhelamos alcanzar.

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Esto está como para reflexionar, ¿no crees?

Porque cuando veo estos resultados, entiendo perfectamente porqué la misión de la campaña de Dove es ¨reconstruir las bases de la belleza femenina¨ a través de sus mensajes inspiradores.

Creo que lo está logrando de algún modo, pues cada día son más las propuestas de mujeres que muestran sus curvas sin ningún pudor en redes sociales, tengan la talla que tengan, donde el mensaje es el mismo: Ámate tal y como eres.

También se han dejado escuchar las voces de modelos y reinas de belleza, que han estado toda su vida con el yugo de ser para siempre hermosas, haciendo públicas sus declaraciones donde desechan totalmente el discurso de la perfección corporal y de cómo representa la imagen del triunfo, muy a costa de lágrimas y sacrificios.

El espejo tiene dos caras

Si vamos más allá y vemos otros estudios que se han realizado en escuelas y universidades, las cifras de anorexia y bulimia van en ascenso en las adolescentes.

La sentencia es cruel para las niñas que van formando su propia imagen a través de las palabras de quiénes las rodean, pues frases comunes que se escuchan en casa, determinan para siempre la relación que ellas tiene consigo mismas y su peso corporal, cosa que va destruyendo su autoestima al punto de no reconocerse en ningún sentido cuando son adultas.

Se sueltan las palabras a veces en los pasillos, son secretos a voces que escudriñan un mensaje voraz entre lápices y cuadernos: Niñas preocupadas porque se ven obesas en el espejo, obsesionadas por verse con el abdomen plano y por otro lado, las que de alguna manera, se rebelan ante todo esto y comen en demasía, haciendo de su cuerpo un recipiente de todo aquello que no se atreven a decir.

¿Será que hemos aprendido de alguna manera que tenemos que ser perfectas en todo y eso incluye la carne, los músculos y hasta los huesos?

¿Tener el cuerpo ¨ideal¨ es pase instantáneo a la felicidad y el éxito?

Yo creo que no, las cifras lo dicen todo. Las mujeres somos infelices si somos gordas, pero también si somos flacas, hay algo mucho más profundo aquí para trabajar y sanar sin lugar a dudas, porque la satisfacción que viene de la propia valoración que te das, no tiene comparación.

El canon éste de belleza ¿De dónde salió?

Sin afán de echarle la culpa a la humanidad entera, claro que desde hace mucho tiempo se vienen estableciendo medidas, cánones, proporciones y descripciones de una supuesta perfección que nos haría ver más lindas. Así, en algunos períodos de la historia, fueron cambiando las imágenes del cuerpo femenino, hasta llegar a ser protagonistas este movimiento masivo de los medios de comunicación, que en su momento, han querido enseñarnos que todo lo que te pudiera definir con unos rasgos bellos, está el exterior.

¿Quién con semejante lápida sobre la cabeza, no llega a sentirse que jamás podrá llegar a tener una ¨belleza real¨ sino cumple con estas medidas o proporciones?

La musa de grandes artistas

De verdad, prefiero pensar en que nosotras hemos sido inspiración para la obra de muchos pintores que pudieron plasmar, en diferentes épocas, la hermosura de mujeres auténticas. Sólo basta observar una de ellas para sentirnos conectadas con esos cuerpos.

Sin duda fue que dejamos de mirarnos y nos convertimos en una especie de jueza implacable a la hora de desnudarnos frente al espejo. La comparación también juega este papel, más que nada cuando la dirección que toma el rumbo de nuestra imagen corporal, es hacia aquella mujer que creemos es de medidas perfectas.

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Viéndolo bien, prefiero de ahora en más, compararme con una obra de Rubens y mejor aún ¡Con una de Botero!. Seguro que si hubiera crecido con estos artistas en mente y observado más de cerca en las clases de historia del arte sus pinturas, me hubiera sentido más identificada y con mucho más calor en mi corazón que el que tuve para darme los últimos años.

Identificando de qué lado estás

La línea que estamos atravesando se entrecruza, pero para mí el resultado es el mismo: No somos capaces de reconocernos y vivimos siempre anhelando algo que supuestamente es mejor o más bello.

Y si bien es cierto que hay quien logra balancear y encontrar un sano equilibrio entre su cuerpo y sus emociones, el grueso de las mujeres, nos pasamos la vida en ese tambaleo cotidiano, peleando con la báscula todas las mañanas, deseando entrar en una talla más chica.

¿Qué nos pasa con ese cuerpo?

Uno de los temas que más salen a relucir en la asesoría de Imagen personal, es no saber vestirse; esto en particular tiene que ver directamente con la no aceptación corporal y claro, con no detenerse a mirarse en el espejo a conciencia.

Si no has identificado bien tu estructura corporal, es complicado aprender a vestirse para sacarle partido a la figura. Porque sí, en la variedad está el gusto y cada una de nosotras tenemos una identidad morfológica única y maravillosa (tengas la talla que tengas).

Saquemos de la manga algunos trucos

Una vez que logras tomar en cuenta que tú eres tú, con tu cuerpo, aquí y ahora, y que la talla que traías en tus XV Años ya no es la misma y que después de tener los hijos, las caderas se ensancharon tanto que ya no volvieron a su lugar, es que puedes entender este asunto de las medidas de tu cuerpo y qué partes necesitan destacarse y cuáles disimular.

¿En qué lugar te ubicas tú?

 

En la asesoría de imagen hay trucos para rato y como te he contado ya, se comienza con saber de los colores propios, para luego ir más allá y husmear un poco con la estructura actual que tienes y cómo se puede sacar el mejor partido posible a lo tuyo.

Hay faldas, pantalones, vestidos, blusas, sacos, camisas y hasta trajes de baño que se nos ven mejor cuando sabemos las características corporales. Cada una de estas prendas se van combinando entre sí, agregando algunos accesorios y poniendo un ajuste de la forma en la que está hecha la ropa, para que en ti, luzca mejor. Es decir, que exista una armonía entre tú y lo que vistes.

Ya en mi artículo anterior : 5 cosas que aprendí sobre estilo personal en mi viaje a la playa hablo un poco sobre esto y puedes ver ahí una imagen del traje de baño que mejor nos va según la figura.

Aunque te digo que esto no es regla de oro, pues siempre hay que estar probando y atreviéndose hasta dominar el tema, porque, querida mía, la imagen personal se trata de la relación contigo.

Se trata de involucrarte y vincularte de la A hasta la Z, al infinito y más allá -si así lo quieres ver- con la única persona con la que vas a estar para siempre.

El cuerpo es sólo un vehículo

Gracias a él podemos bailar, correr, saltar, cantar, mirar, sonreír, hablar…es un increíble transporte lo que tenemos, por dentro y por fuera, así como somos, estamos bien, siempre y cuando el sentimiento que tengamos hacia él sea en positivo.

Y si algún día de éstos decides cambiar lo que no te guste o modificar algo que sientes no te va, es mejor que se trate porque te amas y no porque te odias. Revisa bien la respuesta que te das ante esa dieta que te quieres poner a hacer o a la jornada de ejercicio extenuante a la que te quieres someter como si no hubiera un mañana, pues ahí está una razón de amor o desamor latente.

Cada figura tiene su magia

Todas las formas, delgadas, curvas, rectas, triangulares, redondas o combinadas, tienen su lugar especial. Es esa diversidad lo que nos hace a nosotras las mujeres tan únicas. No son las dimensiones del cuerpo lo que determinan tu belleza, como tampoco lo es usar una marca o una ropa en particular.

No nos hacemos más femeninas sólo por usar falda o menos delicadas por traer pantalones; en la construcción de tu estilo personal hay muchas piezas que se tienen que ir armando para que el resultado sea expresar tu esencia y aquello que te diferencia.

Si alguna vez has sentido que no te ubicas en ninguna parte y que no sabes por dónde empezar, hazlo identificando tus atributos de manera positiva.

 

 

En mi caso, me gusta admirar lo bonito en las pequeñas y cotidianas cosas de la vida. Poder ver una mirada iluminada, una sonrisa, un gesto; sentir una caricia, escuchar las carcajadas de los niños jugando a media tarde.

Observar el sutil movimiento de una mujer caminando por la calle, encontrarla en sus colores… es eso lo que yo llamo verdadera y real belleza. Todo lo demás se va haciendo solo.

Así que, es hora de abrazarte, honrar ese cuerpo que tienes, fortalecerlo en sus virtudes y salir a la calle vestida de sonrisas con tu mejor color puesto.

¿Qué te parece mi propuesta?

Te dejo por ahora enviándote todo mi cariño.

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2017-04-01T15:04:51+00:00

8 Comentarios

  1. Silvia 10 noviembre, 2016 en 8:59 pm - Responder

    Alguna vez leí que los cánones de la delgadez, tuvieron que ver con 1- los cuerpos hambreados de la posguerra; 2- Para la industria, la menor cantidad de tela que llevan las prendas de las mujeres flacas; y siempre, siempre, el control que el patriarcado ha tenido para con nuestros cuerpos…

    Me gustó el post en general y lo que dices en particular sobre “cambiar por amor y no por odio”.
    Besos!

    • Aleja Marín 11 noviembre, 2016 en 2:14 am - Responder

      Gracias Silvia

      Como siempre llegas un comentario acertado.
      La realidad es que durante toda la vida las mujeres hemos estado sometidas a este sacrificio corporal y a la presión de cumplir con todo, como si fuéramos máquinas superdotadas.
      El sentir que no llenamos el ancho, que aparte de todo lo que hacemos también tenemos que buscar las maneras de dejarnos vern con el cuerpo ¨perfecto¨ es una cuota que va sumando a la infelicidad y lo peor, ha ido sembrando esa semilla en las chicas más jóvenes.

      Tenemos que cambiar la mirada para nosotras y para las nuevas generaciones.
      Te mando un abrazo cariñoso.

  2. Raquel 10 noviembre, 2016 en 9:03 pm - Responder

    Hoy me dejaste pensando un rato, querida Ale. Normalmente paso de largo por tu blog, porque no quiero detenerme demasiado en esas verdades que dices cómo puños, porque me encuentro cansada y sin ganas de volver a intentar un cambio. Y te leo y me encanta lo que leo, esa sencillez en la aceptación, en tratar con normalidad lo que somos, cómo somos, y me entran ganas de dejar el negro y lanzarme de lleno al color. Mil gracias por tu mirada amiga.

    • Aleja Marín 11 noviembre, 2016 en 2:23 am - Responder

      Raquel preciosa

      Qué bello encontrar tu comentario aquí y además con tu sinceridad a flor de piel.
      Pienso que es normal sentirnos agotadas y tomarnos una pausa para decidir volvernos a encontrar con esa que somos, que no está perdida, simplemente se encuentra espérandonos en ese lugar donde sabe que la encontraremos.
      En mi caso he tenido pausas así, que me han dejado como 45 kilos demás o en picos de ansiedad por las tardes. Me he reconocido ahí y también me he buscado para abrazarme y reconquistarme.
      Lo bueno es que nunca me he detenido y pues, poco a poco he ido logrando cumplirme mis promesas.
      A ti te he visto con ese lindo color rosa en el video y de verdad para mí significa un despertar…espero que para tí lo sea, en el instante que tú quieras.

      Te mando un abrazo enorme

  3. Paty Segura 10 noviembre, 2016 en 9:26 pm - Responder

    Ay Aleja que post tan pero tan bonito me ha conmovido hasta las lagrimas, pues me recordó un momento que paso mi hija mayor ya hace varios años y que gracias a Dios pudimos superar, cuanta razon tienes en que nos falta querernos, aceptarnos, amarnos y dejar de preocuparnos en lo que otros opinan de cómo nos vemos porque lo único que importa es como nos vemos a nosotras mismas.

    • Aleja Marín 11 noviembre, 2016 en 2:16 am - Responder

      Paty, gracias por compartirme este momento de tu vida.

      Es como un círculo que se va repitiendo. Nuestras hijas nos escuchan tras la pared esas quejas o nos ven torturándonos con excesivas dietas o cuotas de ejercicio que rayan en la obsesión.
      Hay que encontrar el punto medio y desde la aceptación cambiar esa mirada, amorosa, comprensiva que sí va sanando heridas.

      Un abrazo cariñoso

  4. Lisbeth 11 noviembre, 2016 en 2:56 am - Responder

    Hola aleja,
    Solo verdades encuentro en tu blog, la linea mas delgada o mas gruesa la vivo a diario con mi hija, me veo reflejada en que peleo con ella por las comidas que quiere comer y por las que yo.cocino y obviamente quiero que coma y detras de ese miedo mio, esta el tema de la salud primero pero tambien reconozco el aumento de peso.
    Trato de ser prudente con las palabras que uso (no siempre soy tan delicada) para que ella entienda que debe cuidarse , comer bien tambien es quererse entender que lo que decides comer atenta o no contra tu salud y por ende mejora o no tu estado fisico.
    Mas alla de la flacura o la gordura es aceptarnos , entender que somos diferentes y esas diferencias nos hacen unicas y especiales.

    • Aleja Marin 11 noviembre, 2016 en 5:05 am - Responder

      Lisbeth hermosa, gracias por contarme esto.

      Fíjate que como mamá entiendo perfecto lo que puedes estar sintiendo, porque en tu mente y corazón, sólo quieres que tu hija no sufra.
      ¿Pero te has puesto a pensar que lo que para tí es sufrimiento para ella no lo es?
      Entre tantos miedos que sentimos en la crianza, uno de ellos es que nuestras nenas no sean queridas ni aceptadas. Somos nosotras ese puente a que ellas se vean realizadas y que no se juzguen severamente frente al plato de comida.
      La rebeldía está también presente cuando se hacen más grandecitas y el gran aprendizaje es soltar, dejarla ser y sí, estar con ella ahí vertiendo un mensaje que vaya más en lo positivo que en lo negativo sobre su cuerpo.
      Espero puedas intentarlo, es un trabajo de día a día, pero con amor todo se puede.
      Extérnale a ella tus miedos para que entienda las razones de porqué le dices lo que le dices, sin afán de imponérselo y más que nada, enséñale que va a ser amada por lo que es y no sólo por lo que su cuerpo muestre.
      La carga es muy pesada.

      Te mando un abrazo con todo mi cariño, gracias por escribirme y leerme.

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