Autoconcepto y autoaceptación: Dos pilares en la transformación de tu Imagen Personal

Comenzar a amarte bien es el camino para verte bien

Todas las personas necesitamos sentirnos parte de algo o de alguien. La pertenencia es algo que se vuelve un hábito y lo vamos asumiendo en cada etapa de nuestra vida como una necesidad, pues viene ligado al desear que nos amen, nos acepten y se nos reconozca.

¿Qué nos proporciona este sentido de pertenencia?

De entrada, nos da seguridad y a través de ella, nos sentimos con la capacidad de establecer una identidad propia, que es una relación que va generando otras tantas cosas como la confianza, aprobación, valía y estima, ingredientes necesarios para ir haciendo los primeros trazos, del diseño final que tendrá la imagen que deseamos proyectar hacia los demás y que, en esencia, está diciendo constantemente de qué estamos hechas.

 

 

Una imagen que dice más de mil palabras

La imagen personal se va construyendo a partir de diferentes factores: El entorno en el que vivimos, la cultura, costumbres y la influencia, como no, de nuestras más cercanas relaciones de amor.

Aprendemos de ellos las primeras palabras cariñosas y también las rasposas; son una guía emocional que se transfiere y forma parte de ese diccionario, que, poco a poco, va dibujando una línea más o menos recta, que afecta directamente a lo que proyectamos y comunicamos.

Todo nuestro ser canta lo que somos y la imagen personal es la respuesta a todas esas notas musicales que nos acompañan.

También aprendemos que, para sentirnos parte de un grupo, es necesario vestirse o adecuar nuestra personalidad a él. Lo vemos con frecuencia en la adolescencia, que con tal de pertenecer o estar situado en algún grupo en particular, somos capaces de transformarnos por dentro y por fuera, con tal de recibir aprobación, que es sin duda, la expresión misma de la búsqueda del afecto.

Unas más, otras menos

No seré la única, lo sé…pero todas tenemos alguna foto que nos delate en esta etapa. Las mías son pocas, pero me recuerdan aquel momento donde deseaba tanto pertenecer y a la vez no me sentía parte de nada; y es que la moda puede llegar a ser una influencia muy dura de seguir y una presión constante para nosotras las mujeres.

Si fuiste adolescente entre los ochenta y noventa, el look oficial era melena larga, copete frondoso y maquillaje un poco exagerado.

Heme aquí, de pantalón rojo 😛

 

aleja-primos

Había que hacerlo, sin duda, si querías sentirte parte de esa tribu de chamarra larga, botines y pantalones bombachos que no sabes, pero yo los detestaba a morir porque según yo, me hacían ver más gorda de lo que era.

Ni para qué decirte que no me gustó mucho mi adolescencia, nunca encajé ahí, como que no pude pertenecer a ningún grupo en especial, hasta que me di cuenta de que mi diferencia, era simplemente reflejo de una personalidad que, con los años me haría más fuerte y a ayudarme a sobresalir, muy a mi modo, en ese mundo que  juraba que era absurdo y sin sentido.

Por fortuna, fui creciendo y entendiendo que para lograr que mi imagen fuera un poco más cercana a mi personalidad, la mirada tenía que volverla hacia dentro de mí y buscar todas esas razones (buenas y malas) que me hacen ser quién soy.

También apliqué ciertos truquitos, no creas que no. El trabajo duro ha estado tras bambalinas, con proceso terapéutico incluido y mucha conciencia en mi presencia, pero más que nada, en esas palabras que me estoy diciendo constantemente.

Sigo en el proceso de este renacer y viendo que, lo bueno de la vida, es que es un largo viaje donde vamos dejando lo que no nos sirve y tomando lo que sí es de provecho.

Las palabras pesan ¡Y lo hacen más que los kilos extras!

Según vas ampliando tu vocabulario emocional entre las relaciones que vas teniendo, la influencia de tus compañeros de clases, profesores, medios de comunicación, otro tanto de la familia y la situación que a lo mejor te tocó vivir, en esa misma dirección, se va proyectando, sin duda, tu concepto propio, es decir, tu autoaceptación.

Porque escuchamos mucho sobre el tema de la autoestima, pero muy poco de lo que viene antes. Es la aceptación, ese juicio propio que enmarca la relación que tenemos con nosotras mismas y que, del mismo modo que podemos irlo modificando, nuestra estima irá también haciéndolo. ¡Ésa es la clave!

Y para que quede más claro, fui a buscar su significado en el Diccionario de la Real Academia Española, encontrando que:

Autoaceptación

De auto- y concepto

Es la Opinión que una persona tiene sobre sí misma, que lleva asociado un juicio de valor.

¡No sabes cómo me llamó la atención lo del ¨juicio de valor¨!

Porque claro, eso de juzgarnos (para bien o para mal) nos puede llegar a levantar o a destrozar en dos bocados, ni más ni menos.

Esta palabra es bonita aunque a veces no la entendamos, sin embargo, nos ayuda mucho cuando tomamos la decisión de reconstruir -quizás pedacito a pedacito- nuestra imagen personal.

 

Se puede, siempre se puede

Encontrarnos en esa disyuntiva genera dudas, lo sé.

He estado ahí y por eso siempre te digo que si analizamos el contexto de nuestra crianza, encontraremos muchas más razones del porqué, hasta la fecha, no te gusta ponerte cierto tipo de ropa, no sientes que te queden bien los zapatos aquellos que se le ven bellos a la modelo de la revista, no te atreves a usar ese color en especial, mucho menos imaginarte en la selfie con un lápiz labial rojo de sonrisa, porque a todas estas, es mejor seguir borrada, pasando desapercibida por el mundo, aunque por dentro tu corazón sea el más brillante del universo.

¿Quién se va a fijar en mí?

¿Cuántas veces te has visto deshojando la margarita?

Dependiendo de lo que aprendimos con nuestras relaciones primarias, vamos haciéndolo con nosotras mismas.

Si tus frases favoritas cuando te miras al espejo son: ¨Qué gorda te ves¨, ¨Me detesto¨, ¨Mira nada más qué cara traigo¨, ¨¿Cómo se te ocurre que alguien se pueda fijar en ti?¨ ¨Todo es mi culpa¨, ¨Nunca lograré nada¨ y un sinfín de palabras hirientes más; sin duda alguna, el resultado de eso que llevas por dentro será una imagen de abandono y de odio absoluto.

¿Tú crees que eso no se ve? Pues déjame decirte que se ve, se nota y se siente.

¡Y claro que no tengo que ser psicóloga para decírtelo!

Desde lo que mencionas hasta lo que te pones, delata sin duda alguna, lo que traes cargando toda tu vida.

Pequeñas heridas que se hicieron grandes y profundas, donde la mirada se volvió áspera, quizás ajena, a esa increíble mujer que estoy segura que eres.

Lo bonito es lo bonito

Ahora bien, ya que pasamos a este nivel de confianza entre tú y yo. También quiero darte otra perspectiva de la palabra aceptación, porque bueno, entre otras cosas, tengo un positivismo que me corre por las venas y no puedo dejarte nada más que con palabras sombrías por aquí.

Cuando llega el momento de decir ¡Basta! hay un despertar y es ahí adónde ocurre la relación más bonita que puedas comenzar a tener contigo.

Claro que tienes que tomar la decisión de sanar esas heridas, porque esta acción va a ir aumentando tu cuenta amorosa y cuando eso sucede, la autoestima gana mucho terreno. Te vas a volver creadora de un mundo propio lleno de muchos colores y esa parte sabes que me encanta y apasiona.

En conclusión…

No es la talla ideal a la que queremos llegar con la dieta de moda, ni la súper faja que anuncian en la tv, tampoco la renovación del clóset completo y seguir todos los consejos que pueda darte para combinarte… todo esto viene después de que decidas mejorar y cambiar el concepto que tienes sobre ti.

Señálate con el dedo frente al espejo, reconoce esas heridas y abrázate entendiendo que lo mejor está por venir… porque en la profundidad de tus raíces está la clave para que seas la chica de rojo, aquella que sonríe sabiéndose preciosa, sin importar mucho lo que digan los demás.

Porque una imagen personal extraordinaria comienza a tejerse desde aquí.

Te dejo con esto en tu mente,

Un abrazote

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2017-04-01T15:41:03+00:00

24 Comentarios

  1. Mónica Garzón Ruiz 3 noviembre, 2016 en 5:42 pm - Responder

    Alejandra:

    Me encanta la palabra “pertenencia”. El viaje de vida que hacemos incluye un proceso de apropiación de nuestro Ser, donde comprender que nos pertenecemos a nosotras y que por ello, trabajamos nuestro amor personal y nuestro auto-respeto, hace la diferencia en el camino.

    Gracias por traerlo aquí en este post y que hoy sea el día en que pongamos en nuestro camino el ir recobrando nuestro sentido de Ser.

    Una brazo,

    Mónica.

    • Aleja Marín 4 noviembre, 2016 en 12:24 am - Responder

      Monica!
      Gracias por tus palabras.

      Yo sí creo que cuando nos sentimos dueñas de nosotras mismas, podemos aportarnos y nutrirnos en muchos sentidos.
      Me he dado cuenta que la imagen que tenemos, es a la justa medida de esas heridad o emociones que se fueron quedando un poco abiertas y por muchos años, han sido unas cargas muy pesadas de llevar.
      Es más bonito encontrar la forma de soltarlas y aprender a mirarnos con más amor y comprensión.
      Nosotras somos nuestras verdaderas sanadoras.

      Te quiero mucho.

  2. Paula 3 noviembre, 2016 en 5:51 pm - Responder

    ¡Precioso! Gracias.

    • Aleja Marín 4 noviembre, 2016 en 12:22 am - Responder

      Muchas gracias Paula y bienvenida a este espacio que es de todas.
      Un abrazo

  3. Nazaret Barreto 3 noviembre, 2016 en 6:16 pm - Responder

    Ay la adolescencia… yo también lo pasé mal. Por no encajar, por no conocerme y por lo mucho que me afectaban las opiniones ajenas. No recuerdo esa época con especial cariño la verdad.

    Pero todo lo que cuentas encaja en mi cabeza, tiene sentido y ahora después de sentir esa transformación por dentro lo entiendo aún más. Supongo que es el inicio del siguiente paso.

    Me gusta mucho leerte, Ale. Un abrazo.

    • Aleja Marín 4 noviembre, 2016 en 12:21 am - Responder

      Naza, gracias a ti por leerme y encontrarte en mis palabras.
      A mí también me tocó rudo y para rematar, la gordura no me ayudó mucho que digamos…pero bueno ¡La sobreviví y mírame ahora!
      Ya sabes que aquí estoy para acompañarte en lo que sigue.

      Un besote

  4. Paty Segura 3 noviembre, 2016 en 6:31 pm - Responder

    Hola Aleja, que bonitas palabras, me has inspirado y llegado al corazón, creo que siempre nos importa demasiado como nos vemos por fuera en lugar de reconocer la belleza que llevamos dentro.

    • Aleja Marín 4 noviembre, 2016 en 12:18 am - Responder

      Paty ¡Muchas gracias!

      Traemos heridas que, bien vistas, pueden ir sanando para construir una imagen personal sólida, donde lo que va a salir a relucir es lo que somos.
      ¡Vamos por ella de la mano!
      Te mando un abrazo

  5. Angelica 3 noviembre, 2016 en 6:47 pm - Responder

    Es una filosofía de vida! Qué hermoso dar la vuelta y llegar al punto de salida sin la maleta llena de piedras cargándola en la espalda. Es liberador leerte, ya siempre pienso en los colores, no quiero un otoño-invierno gris, negro) o café. Lo quiero blanco, amarillo y morado. Así me veo deshojando la margarita. Bravo Ale! Lindo y conmovedor artículo.

    • Aleja Marín 4 noviembre, 2016 en 12:16 am - Responder

      Angélica preciosa
      ¡Me gusta que estés siempre pensando en los colores!además que te has hecho de una buena paleta que te ilumina por dentro y por fuera.
      Te mando un abrazote.

  6. Leticia 3 noviembre, 2016 en 8:18 pm - Responder

    Me encanto tu articulo, felicidades, tiene mucho para enseñar y reflexionar. Lo importante es como nos sentimos, porque es lo que reflejaremos por fuera. No importa si traes la ropa de marca o la ultima moda, si lo hacer por los demás porque aun no te has aprendido amar.

    • Aleja Marín 4 noviembre, 2016 en 12:14 am - Responder

      Muchas gracias Leticia.
      La fortuna que tenemos es poder darnos cuenta de que tanto la herida, como la sanación, está de nuestra parte.
      Te mando un fuerte abrazo y estoy feliz de que nos hayamos encontrado con este post.

  7. Veronik Rendon 4 noviembre, 2016 en 1:00 am - Responder

    Lo he amado nena, lo he leído y releído y me doy cuenta de que mi historia conmigo es larga, pero gracias a ti, hoy tengo una nueva razón para sentirme orgullosa de lo que soy, gracias por dejarme verme una vez más y recordarme como me construí y como me he amado.

    • Aleja Marín 4 noviembre, 2016 en 1:40 am - Responder

      Veronik ¡Muchas gracias!

      El poder de lo que somos, está cuando encontramos en las raíces, esas heridas que de alguna forma también son la redención. Tenerlo siempre presente es como reconocer que traemos una madera muy fina, para pulirla y nutrirla en todos los sentidos.

      Un abrazo!

  8. Yolanda 7 noviembre, 2016 en 10:28 pm - Responder

    Hola! Qué cierto que de adolescentes necesitamos la “pertenencia” a un grupo. Pero ya de mayores, es nuestro deber y nuestra obligación: amarnos, respetarnos con nuestros defectos y virtudes; intentando mejorar los primeros pero sin obsesiones, con aceptación.

    Un abrazo, afectuoso.

    • Aleja Marín 8 noviembre, 2016 en 3:51 am - Responder

      Yolanda ¡Muchas gracias por tus palabras!

      Por fortuna logramos pasar esa etapa, aunque he visto en la edad adulta que también para entrar en grupos o de alguna manera sentirnos reconocidas en el entorno donde nos desenvolvemos, tendemos a dirigir nuestra imagen personal en ese sentido, olvidándonos muchas veces de quiénes somos y de algo que es muy importante: La autenticidad.
      Como bien dices, sí es nuestra responsabilidad amarnos y respetarnos…si estamos en ese camino ¡Es la sal de la vida!

      Te mando un abrazo fuerte

  9. ADELA EMILIA GOMEZ AYALA 6 mayo, 2017 en 4:05 pm - Responder

    Hola Aleja, me ha encantado tu post.

    Hablas de 2 conceptos en los que yo nunca me había parado a pensar, por un lado el autoconcepto y por otro la autoaceptación.

    El autoconcepto al final está muy condicionado por cómo te ves a tí misma, en función de las sensaciones que te transmite el entorno que te rodea. Dicho entorno, puede ser desvatador o por el contrario, exultante. Muchas veces no somos conscientes de cómo nos afecta la opinión de los demás sobre.

    Y respecto a la autoaceptación, es algo que tiene que ver más con una mirada interna hacia nuestros sentimientos, nuestras emociones. Aquí ya la opinión de los demás, no importa tanto.

    En mi opinión, debemos valorarnos mejor a nosotras mismas, sin pensar tanto en los demás, y aceptarnos, pues todo el mundo tanto a nivel físico, como a nivel psíquico tiene sus luces y sus sombras.

    Hay etapas, como la adolescencia, en las que como tú bien dices, la opinión de los demás y el sentimiento de pertenencia al grupo, son fundamentales, pero a medida que vamos creciendo y madurando tenemos que mirarnos con más cariño, con más comprensión y dejar de pensar tanto en la opinión del resto de la gente.

    Es mejor que cada cual se acepte como es, pues va a tener que convivir consigo mismo durante el resto de sus días.

    Un afectuoso saludo

    • Aleja Marín 17 mayo, 2017 en 8:01 pm - Responder

      Adela

      Claro que el camino de esa autoaceptación se va abonando, como bien lo dices.
      Al pasar por la adolescencia, en mi experiencia algo se trastoca para bien o para mal, pero luego en la etapa de adultas, podemos retomar aquello que somos para estar más fuertes en ese sentido.

      Te agradezco mucho tus palabras tan acertadas.

      Te mando un abrazo

  10. Amaya 10 mayo, 2017 en 9:58 am - Responder

    ¡Hola Aleja!
    Una vez más nos llevas a la importancia de otro auto, el autoconocimiento. La verdad es que cuando lo trabajamos, las decisiones que tomamos son tan naturales que la comodidad y la autenticidad surgen solas, y de esto no se libra el estilo.

    Un abrazo

    • Aleja Marín 17 mayo, 2017 en 7:59 pm - Responder

      Así mismo es Amaya

      Primero sí tenemos que observarnos mucho, sabernos y reconocernos…mágicamente todo va encajando en su lugar.

      Te mando un abrazote

  11. Raquel 12 mayo, 2017 en 12:34 pm - Responder

    Hola Aleja,

    Cada vez está más claro, todo pasa por aceptar la realidad, y no querer valorarla e relación con los demás, en términos de bueno y malo. Ultimamente hablo mucho de mi adolescencia, tal vez porque Carlota se va acercando cada día un poco más y porque la veo reflejada en cómo yo era. Ninguna de las dos encajamos entre quién nos rodea. Me alegra saber que ella es inmune a esas opiniones.

    Estoy convencida que una buena autoestima es la base de la aceptación. Siempre aprendo algo de mi misma cuando te visito, gracias por ello.

    Un abrazo.

    • Aleja Marín 17 mayo, 2017 en 7:58 pm - Responder

      Qué bonita esa frase final Raquel

      Aprender de una misma es estar todo el tiempo mirándose.
      Una vez una terapeuta de mi hija me dijo que a veces pensamos que un líder es un niño extrovertido, locuaz y capaz en todas las áreas…pero que uno tímido no tiene la fortuna de llegar ahí, de dar ese salto.
      Imagínate si volteamos este panorama y nos ponemos a pensar, que muy a su modo, el tímido, siendo como es, lograr entenderse y aceptarse, así no sea muy aceptado en otros mundos, se va a sentir cómodo y seguro en donde esté.
      Como papás, tenemos que aceptar y amar a los hijos como son, así ellos aprenderán a quererse tal cual…gran aprendizaje y motor para encaminarlos y encaminarnos a testear en nosotros mismos, qué tan alto hemos llegado con nuestro propio concepto y amor.

      Te mando un abrazo

  12. Conchi S. 15 mayo, 2017 en 6:34 am - Responder

    Hola Aleja,

    Es cierto que el hecho de pertenecer a un grupo, a la sociedad, a un momento determinado de nuestra Historia, puede marcarnos, tanto para bien, como para mal. Para bien, porque sentirnos participes de algo importante, nos eleva, nos empuja a dar lo mejor de nosotras y a superarnos. Pero, si dejamos que esa pertenencia nos frene en nuestro crecimiento y el reflejo de quiénes realmente somos, esto es lo malo.

    Me gusta mucho cómo planteas esta reconstrucción de la imagen propia, desde dentro, desde lo más personal e íntimo, hasta llegar a reflejar esa esencia en formas y colores.

    Un saludo enorme.

    • Aleja Marín 17 mayo, 2017 en 7:53 pm - Responder

      Gracias Conchi

      Hay un movimiento muy fuerte donde las mujeres son capaces de mostrarse tal y cómo son y eso está elevando en todas las demás, la capacidad de voltear a verse de diferente manera.
      Creo que de alguna manera todas podemos ser ejemplo para otras y sobre todo, tratar de sanar a las nuevas generaciones que se ven contaminadas, desde pequeñas y en casa, de esos estereotipos que las sacan del carril de la autoaceptación.

      Un abrazo gigante

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